¿QUIÉN HIZO MI ROPA?

¿QUIÉN HIZO MI ROPA?

Cuando vamos de compras hacemos muchas preguntas ¿me queda bien? ¿este color me va? ¿tengo ya algo similar?  sin embargo pocas veces nos preguntamos ¿de dónde viene la materia prima? ¿realmente representa mi estilo? ¿cuando la lave liberará microplásticos? y hoy te quiero contar de la pregunta que cambió mi manera de comprar ropa 

¿quién hizo mi ropa? ... y ¿bajo qué condiciones? 

 

La respuesta a esas preguntas llegó a mí mucho antes que las preguntas mismas y fue un momento muy sensible pues trato de vivir mi vida basada en tres valores: amor, empatía y compasión.  Estos valores no sólo aplican en mi relación conmigo y con los demás sino que también abarcan mis hábitos de consumo. 


Para que la ropa que compraba estuviera a precios tan bajos, los productores tienen que externalizar costos, es decir, no es que Zara, H&M o Forever 21 tengan una cadena de suministro súper eficiente e innovadora sino que los costos son económicamente bajísimos pero socialmente y ecológicamnte  muy muy altos.


Hoy hablemos del costo social, la mayoría de las prendas que compramos son maquiladas en Talleres de explotación (literalmente se llaman así) en países en desarrollo, encabezando los dos primeros lugares de exportación China y Bangladesh, donde para ofrecer precios tan bajos a las cabezas de cadena de valor (tus probables marcas favoritas) obligan a las empresas subcontratadas a ahorrar en cosas esenciales como el bienestar de sus empleados (en su mayoría mujeres) se ahorra en seguridad social, en condiciones básicas para trabajar, mascarillas y equipo de protección al tratar con los químicos (que contaminan muchísimo pero eso luego te cuento más), se ahorra en sueldos, pagando $2 dólares al día, se contratan niñas de 12 años que dejan atrás sus casas y migran a regiones con concentraciones industriales, en busca de una oferta de trabajo, aunque está no sea justa.  


Y es que los países desarrollados, donde se encuentra el control de las grandes marcas deciden ir a este tipo de países pues ahí les es "permitido" contratar menores de edad, ignorar a los débiles sindicatos, amenazar defensores de los derechos humanos y, no respetar horas ni condiciones de trabajo dignas. 


La esclavitud del siglo XXI se financia por nuestras decisiones de compra, hacerme consciente de que hay personas sufriendo para que yo logre tener ropa un poco más barata me hizo abrazar mi responsabilidad y mi poder de consumo, saber que podemos cambiar las cosas, que sí está en mis manos, que si no soy parte de la solución soy parte del problema, me llevó a investigar qué podía a hacer para reducir esta injusticia social y sobre todo no apoyarla, es más debilitarla. 

 

Primero, decidí que una empresa de fast fashion ¿fast qué? (luego te contamos más del tema) jamás volvería a tener mi dinero para seguir financiando sufrimiento. 

Después me pregunté ¿jamás volveré a comprar ropa? ¿sólo me bastará la ropa que ya tengo? si las respuestas eran sí, realmente no me molestaba tanto pues estaba en shock por lo que había descubierto detrás de mi inofensiva ropa. Gracias a la vida, encontré soluciones, como comprar ropa artesanal, reparar mi ropa y, las grandiosas tiendas de ropa de segunda mano. Esta ultima opción es de la que soy más fan pues me permite encontrar tesoros que me hacen sentir muy cool sin el hecho de que alguien más este sufriendo por ello, pues es ropa que ya existe, que no genera demanda, que no exige la extracción de nuevos recursos naturales y que le da una segunda oportunidad a prendas que aún no compensan su huella de carbono, que siguen siendo perfectamente útiles, aunque la "tendencia" no lo crea... 


 

Por:

Sussie Polanco

 

 

Ross, M. (Productor) & Morgan, A.  (Director). (2015). The True Cost [DVD]. Francia. Life Is my Movie Entertainment. Disponible en Netflix
 Fashion Revolution (2020) https://instagram.com/fash_rev?igshid=fz2ijmcxbnq5

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